Ni loca me cambio

Por Mia.

Me quiero cambiar de pega” dice una amiga. ¿Yo?  ni loca.

No es que ame mi trabajo, me paguen mucho, o me quede cerca, al contrario, me toma noventa minutos el poder volver a mi casa. Lo que pasa es algo mucho más simple, en mi pega actual me aceptan.

Ni loca me someto a la incertidumbre de llegar a un lugar nuevo y encontrarme con un ambiente hostil, plagado de esas microagresiones de las que tanto somos víctimas; el pronombre equivocado, la mirada juzgona, la broma inocente.
Ni loca revivir el temor a que cuando vean mi carnet se arrepientan, a que me hagan problemas con las transferencias, a sentirme aislada.
Ni loca volver a ponerme en una situación vulnerable, tener que cuidar de cada cosa que digo y hago, constantemente analizando las reacciones de mis nuevos compañeros de trabajo, preguntándome qué es lo que comentan en voz baja a la distancia.

Ni loca.

Sé que quizás muchas de estas cosas no me pasarían necesariamente si cambio de pega, pero el miedo aún existe, y es un miedo completamente justificado; son cosas que hoy en día están ocurriendo. A una amiga le pedían “pasar piola” cuando los clientes iban a la oficina, y un ex compañero presentaba a su pareja como su primo, porque sabía bien lo que sus superiores tan erróneamente pensaban. Estoy segura que más de alguno ha escuchado en la calle, entre sus amigos, y en el trabajo, cómo la homo­transfobia sigue latente en nuestro lenguaje. Comentarios al aire, opiniones conservadoras, y convicciones de una época tan obscura en nuestra historia. Son estas cosas las que alimenta este miedo que te paraliza, que a veces no te deja seguir creciendo como persona, y que tiene a tantos de nosotros en situaciones de marginalidad, incapaces de conseguir y sostener un trabajo.

Esto va a seguir así hasta que se creen políticas públicas de calidad, que eduquen a la sociedad, y que protejan a las diversidades. Cosa que resulta muy difícil cuando virtualmente no existen datos al respecto.

Yo por suerte estoy cómoda en mi pega actual. Todos me tratan como la mujer que soy, y puedo hablar de mi polola con toda la libertad, que un ambiente laboral permite, del mundo.

¡Como si fuera una cisgénero heterosexual!

*Recuerda que aún hay tiempo para responder la Primera Encuesta Nacional de Diversidad Sexual en el trabajo, ingresa aquí para participar.